Necesidades
Let the children lose it
Let the children use it
Let all the children boogie
David Bowie, “Starman”, 1972.
Muy probablemente en otro tiempo escribí, sin haber descubierto nada, seguramente robándole la idea a alguien, que la escritura es un hábito, y que como cualquier hábito debe ejercitarse, no sólo para mejorarlo, sino para mantenerlo, para hacerlo sobrevivir. Esto es así porque los hábitos, de no ejercitarse pueden irse muriendo paulatinamente, consumiéndose internamente hasta que desaparecen. Y yo creo que esto no es justo. No hay derecho. Considero que el ejercicio de la escritura o de cualquier otro hábito debe ejercerse en libertad bajo cualquier tipo de condición. Digo lo de la libertad porque uno puede escribir mucho, pero lo que alguien le manda hacer o algo que está supeditado a un método o lógica o temática, y todo esto no es lo mismo que escribir lo que a uno le venga en gana. Considero que escribir, en gran parte consiste en lo que según Claudio Magris hacían los visigodos en tiempos remotos. Según él dice la historia, estos cuates discutían dos veces cada tema: en la borrachera y después de ésta. La escritura es más o menos lo mismo. Uno discute consigo mismo o con quien sea, es decir, se empapa de mucho rollo y mucha mierda, y en una segunda instancia procesa todo el excremento en forma de palabras escritas más o menos sólidas.
El otro día “tuve” que escuchar a The Cure porque argumenté (me argumenté a mí mismo si es que eso es posible, y sí lo es) que era un buen momento, un momento necesario y casi obligado de escuchar música sana, bien compuesta, bien elaborada y construida y que dijera cosas inteligentes, y me puse a escucharlos. Menciono este evento porque a veces uno tiene la necesidad de hacer algo fuera de contexto, de ejercitar sus hábitos alejándose de una rutina o un paradigma. En ocasiones uno tiene encima, como dice la gente que sufre mucho, tres millones de “pendientes”, pero de repente se le ocurre leer un libro que no le va a aportar nada a sus millares de pendientes, vamos diciendo el Quijote que es bellísimo, aunque ya casi nadie lo lee porque “ya saben de qué va”, y lo hace porque si no su organismo comenzará a sufrir. Una noche cualquiera, por ejemplo, debía preparar un documento equis que no me interesaba, pero que tenía que hacer, y además tenía que despertarme temprano para presentar el mentado documento en un lugar cualquiera. E hice todo eso, pero además me di el lujo en un momento determinado, para no suicidarme o sentirme mal físicamente, de leer algo de Huidobro y de jugar Nintendo, cosa que casi nunca hago, pero que en ese momento necesitaba hacer por varias razones, dos de ellas eran la distracción y el goce de la música. El Nintendo le ha aportado muchísimo a la música contemporánea. Menciono tres casos significativos y conocidos: MegaMan, G.I. Joe y Mario Bros, pero generalmente la música del Nintendo siempre resulta muy original e innovadora y progresista, hasta relajante. El caso es que ese día quería jugar y escuchar el Nintendo, y lo hice con mucho gusto. Las rolas de MegaMan no tienen ningún desperdicio. Y digo que hice todo esto para no fastidiarme físicamente porque cuando no puedo ejercitar mis hábitos más íntimos y más elementales como disfrutar del ajedrez o la lectura o la música o la estupidez, amanezco, digamos a las ocho de la mañana y vomito pura bilis. Ya descubrí la correlación porque cuando me proporciono espacios para mis hábitos y necesidades no despierto vomitando nada. Cuando viví en España tuve la etapa más sana de mi vida. Iba a la escuela y me la pasaba en el centro de Granada (aunque todo Granada Capital es centro), cada día compraba El País aunque hubo varios meses en los que me lo regaló la universidad y un banco que financiaba la compra de armas en África, y todos los días me iba a cualquier cafetería a leer ese periódico, luego sacaba de la biblioteca cualquier libro bueno o me compraba uno y lo leía en cualquier espacio público decente, tranquilo y hermoso, iba a clases y curiosamente todo ya lo había conocido en la UrssDeG, entonces seguía leyendo y me iba de tapas y cañas varias noches a la semana y jugaba algunas partidas de ajedrez, no tantas como en la actualidad, incluso cocinaba y los domingos bajábamos a mi barrio de la Chana a comer buenas tapas y ver el partido de la noche de la Liga Española con el Crespo, el Nacho y el Alberto, y luego me iba de excursión al punto más alto de Granada, o hasta la Sierra Nevada o a Monachil, incluso un día me fui a Guadix, uno de los lugares que tienen más historia en todo el mundo y es de los más olvidados, y ciertamente no hay nada, pero uno le va buscando y fue toda una odisea, pero lo hice. Hacía todo lo que quería y cumplía con todas las obligaciones y además todo salía bien. Sólo me faltó ir a un partido a la Catedral, al San Mamés del Athletic, construido en pleno 1913 (en realidad me faltó ir al País Vasco en general). Pero creo que cuando vivía allá nunca amanecí vomitando bilis y creo que nunca me sentí infeliz, por el contrario, fui progresando en el rubro protocolario y profesionístico, y además en el de mi vida misma, que sigo insistiendo es el más importante.
Otro día, por ejemplo y siguiendo con el rollo de la música que mencioné más arriba, se me ocurrió escuchar y ver toda la edición especial de David Bowie que afortunadamente poseo, y lo hice, viendo y escuchando 47 de sus mejores canciones. Y es posible que uno se arrepienta en ocasiones de haber “desperdiciado el tiempo”, de “haber perdido el tiempo”, de “no haber hecho otra cosa” o incluso más alarmante de “no haber hecho nada”. Recriminaciones que no sirven para nada más que para torturarse, y que no son ciertas porque en el ocio uno hace muchas cosas importantes, por lo menos relevantes para uno mismo, lo que no es poca cosa. Cuando menos uno se está satisfaciendo, ya no digamos cultivándose. ¿Qué pasaría si en lugar de escuchar 47 de las mejores canciones de la historia uno se pasara seis horas en el Musée d’Orsay, por poner un ejemplo mamón, apreciando a todos los maestros del impresionismo y otras de las mejores corrientes artísticas francesas?
Vamos diciendo que el individuo o la persona o el ente tiene inquietudes, intereses e ideas, además de necesidades, y yo creo que es importante satisfacer todo eso antes de volverse loco, o en todo caso, satisfacerlas en el tránsito de volverse loco. En cualquier caso, no robarle el tiempo a las “obligaciones” termina por destruirle a uno todo lo que ama. Si yo viviera en un mundo de veinticuatro horas diarias en las que no pudiera jugar ajedrez, leer cualquier cantidad de párrafos del último libro que compré de Bolaño y oír dos o tres canciones que me gustan, además de las de rigor de MegaMan, simplemente mandaría al diablo a ese mundo y me iría a otro o simplemente me mataría dados los pobres avances de la tecnología en materia de viajes interplanetarios. Por otra parte, no es mucho pedir echarse una partida de ajedrez diaria o dos o tres o incluso nueve, juntando un poco de lectura “inútil” y de música. Es lo mínimo que las personas podemos pedir. Ciertamente existe otra clase de locos que quieren hacer, además de lo mínimo, otras ociosidades loables, y yo creo que tienen el derecho. Puede que los despidan de sus trabajos, los abandonen sus parejas o se peleen con sus amigos, pero necesitan hacer lo que quieren de vez en cuando o cuando se les antoje para no desperdiciar la vida.
Todo esto es importante porque sólo las necesidades íntimas nos ofrecen satisfacción y plenitud. Enrique Vila-Matas siempre recuerda un relato de Italo Svevo que no viene en La conciencia de Zeno ni en sus otros libros de relatos que conozco o que venden en Guadalajara, que es un relato inconcluso, pero que Vila-Matas cada que encuentra oportunidad cuenta y creo que por ahí se lo leí a otro autor de la misma camada que el catalán pero que no recuerdo quién es. Resulta, cuenta Svevo en su relato, que un anciano se siente completamente abatido y acabado respecto a la vida y demás, y una noche Mefistófeles lo visita en su propio dormitorio y le ofrece lo que quiera a cambio de su alma. El anciano piensa por un momento en recobrar su juventud, pero recuerda que ésta es atrabiliaria, insensata y voluble; luego piensa en la vida eterna, pero recapacita y razona que la vida es dolorosa, ardua e insatisfactoria. El anciano termina por darse cuenta que el Diablo no tiene nada que ofrecerle y éste se siente avergonzadísimo de dirigir una empresa que no ofrece nada. Es un relato que Vila-Matas ha trabajado mucho (lo que es un eufemismo para decir que en todos lados lo ha insertado), y en Doctor Pasavento saca las mejores conclusiones: ¿será que Mefistófeles no tiene nada que ofrecer, que es propietario de una empresa que no le ofrece nada a los consumidores?, ¿o es que el hombre ya no espera nada? Lo doloroso, razona Vila-Matas, no es la infelicidad sino la incapacidad de tender a la felicidad.
Menciono este relato de Svevo que tengo que conseguir aunque ya me lo haya contado Vila-Matas, porque las personas no podemos dejar de tender a la felicidad en el presente, porque no hay justicia en la incapacidad de tender a la felicidad y porque mucho menos es razonable que existan condiciones que nos hagan incapaces de ello. Llegan momentos como los del anciano de Svevo en los que uno es incapaz de tender a la felicidad y eso es inaceptable, uno debe ser capaz de cumplir sus deseos y con esto simplemente quiero decir que uno debe hacer lo que le venga en gana o dejar de existir; no pienso en cuestiones románticas o en panaceas, sino en hacer lo que uno quiera, lo que al final de cuentas hace a uno feliz. Llegar al punto en que el Diablo, propietario de una importante empresa universal, no tiene nada que ofrecer es alarmante, significa el final de la vida. Yo en esa situación le pediría a Mefistófeles cualquier libro de Vila-Matas para leer por enésima vez el relato de Svevo pero también para conocer muchas cosas, para empaparme de literatura con gusto, y es que Vila-Matas y Magris se parecen en muchas cosas: los dos hacen autoficción y los dos se la pasan remitiendo al lector a diez o quince lecturas diferentes por capítulo, no cuentan cuentos sino que explican la literatura, pero son muy diferentes en el sentido de que Magris te hace sentir como un ignorante que no sabe de qué carajos te está hablando y Vila-Matas más o menos te va explicando las cosas. Yo pediría un libro de Vila-Matas, tal vez porque no soy un hombre que no espera nada, tal vez porque considero que Mefistófeles tiene una empresa que ofrece mucho. El caso es que, personalmente, no voy a permitir que el tránsito de la vida, el transcurso de los eventos o las circunstancias determinadas, me arrebaten mis hábitos y mis necesidades. Cuando eso suceda leeré por última vez a Fernando Vallejo, que viene a proporcionarnos una de las mejores literaturas en castellano, muy particularmente en El Desbarrancadero y en todo El río del tiempo (que junto con 2666 de Bolaño es el ladrillo más bonito de la literatura contemporánea en castellano), y esperaré la oferta de Mefistófeles, reconoceré los logros de su empresa y le pediré que me acoja en su inmueble, y es que sin nuestros hábitos y necesidades, ¿qué podemos esperar, no de la empresa de Mefistófeles, sino de la vida?
Las rolas de MegaMan
Una de las tareas más difíciles que he tenido en toda mi vida ha sido la de elegir la canción más bonita de MegaMan para publicarla aquí. Publico dos de las mejores y remito a una serie de links que guiarán a muy buenas cosas.
El mundo de Sparkman.
Una compilación de canciones legendarias e imágenes de mundos. Un video hermoso.
Links a otras buenas canciones de MegaMan:
Pharaoha Man
Metal Man
La legendaria de Cut Man
Y esa legendaria de Cut Man pero en sonata
Skull Man (que era mi mundo favorito)
Compilación de MegaMan III
Para los que alguna vez o muchas veces jugamos, recomiendo practicar o recordar con esto:
MegamanSi te gusta este gran clásico no te va a defraudar, eso si no esperes grandes gráficos, es bastante leal a la primera versión de este juego, pero como todos los juegos clásicos la jugabilidad muy buena.








